miércoles, 11 de mayo de 2011

La Tradicion Oral de San Carlos.

Cuando la Llorona asusto a Don Benito Antonio Espinosa.

Me aclaro la garganta y me persigno para contar esta historia que es la purísima verdad y los santos me iluminen.

Corría el año de 1.972, en la ciudad de San Carlos, ya florecían las calles asfaltadas que daban belleza a esas casas coloniales testimonio de nuestra Independencia y el aporte de nuestros héroes Cojedeños a esa gloriosa lucha por la libertad de Venezuela.

Para mayo, cuentan las personas mayores, que es mes de las flores, pero también de esas apariciones de los caminantes fantasmales de la noche, se les ve recorrer las inmensidades de los llanos, de los estados, los pueblos y caseríos, asombrando a esas personas que se atreven a salir por esos caminos.

Don Benito Antonio Espinosa, una persona trabajadora, y con esfuerzos y sacrificios levanto una familia, le disfrutaba divertirse con sus amigos, jugando unas partidas de domino o sino de bolas criollas, al compás de una canción llanera.

Para un lunes, por cierto día de las Animas del Purgatorio, Don Benito, se llevo a su hijo Juan Espinosa, este tendría como 7 años de edad, lo acompaño al recordado Club Familiar “Mutuo Auxilio”, ubicado en la calle Sucre, se encontró con su amigo y compadre Ángel Izaguirre conocido con el apodo de “Pollo Maneao”, esa noche jugaron y ganaron varias partidas de dómino y de bolas criollas, Juancito, aprovecho para comer sandwid de jamón y queso amarillo hasta más no poder y refresco.

Son casi las 2 de la mañana, cuando deciden abandonar dicho sitio, Don Benito junto con Juancito, deciden acompañar a su amigo “Pollo Maneao”, hasta su casa, se vienen caminando poco a poco por la calle Sucre, echando cuentos, lo dejan en su casa ubicada en la Av. Ricaurte diagonal a la escuela Básica “Carlos Vilorio”, está más prendido que lámpara de carburo, padre e hijo llegan a la esquina de la calle Democracia, desde ahí son tres cuadras que tienen que caminar hasta la calle Figueredo, donde está su hogar en el Sector “El Chuchango”.

En ese momento oyen en la lejanía el llanto de una mujer, que la brisa lo trae ¡ummm! En un espabilar de ojos, el llanto estaba más fuerte, los perros ladran asustados y mire ¡Camarita! Se les ve corriendo por esas calles desoladas, dice Juancito ¡Papá! Y ese llanto que es; Don Benito, fruñe las cejas y responde; hijo no se asuste, eso es el llanto de la Llorona, al oír eso ¡ummm! Se eriza todo, Don Benito al verlo así exclamo! Virgen del Carmen, protégenos de esta aparición! Reza un Padre Nuestro y un Ave María, le dice agárreme bien las mano, no mire para atrás y camine rápido, en ese momento la luna se asusta y en veloz estampida se va a ocultar en unas nubes, dan varios pasos y oyen el grito del llamado pájaro de mal agüero “El chupa Hueso”, ahí sienten el celaje de algo que les pasa por un lado y oyen el llanto, Don Benito ahora si está asustado, siguen caminando rápido y el grito detrás de ellos, nadie se veía por esa calle, Juan, le comenta a su papá, que raro tenemos caminando un buen rato y no hemos avanzado nada, parece que la casa quedara a varios kilómetros, los pasos no le rendían Don Benito, le dice no vea para los lados y siga caminando, seguían escuchando el llanto y estaban los dos realmente asustados, al fin llegan a la casa Don Benito, no encontraba las llaves y vuelve a pasar el celaje, acompañado con el llanto de la llorona, tocan la puerta de madera y en ese momento le abre Doña Ángela María de las Mercedes conocida partera de la ciudad y todos le decían “Mamá Ángela”, la abuela de Juan y dice viejo : que estás haciendo de madrugada por esas calles y con el nieto, no ves que anda suelta por ahí la Llorona, dice Don Benito, si vieja nosotros la oímos y nos viene carrereando, desde la esquina de la escuela “Carlos Vilorio”. Doña Ángela, dice viejo estamos en el mes de mayo y ahí aprovechan para asustar, tengo rato rezando la oración de “la magnífica” para que se aleje…y así fue.

Al día siguiente Don Benito le dice a su compadre “pollo Maneao”, que la llorona los había asustado y a pie más nunca lo acompañaron.

Informante: Juan Espinosa.
Compilador: Samuel Omar Sánchez Terán.
San Carlos, 25 de abril del 2011.

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