martes, 26 de abril de 2011

El Heroe Cojedeño

General Manuel Manrique
El Hombre de las Batallas.

La Villa de San Carlos de Austria, fue en las postrimerías del Siglo XVIII y los albores del Siglo XIX una de las más prósperas ciudades de la Capitanía General de Venezuela, fundamentaba su riqueza y prosperidad en la laboriosidad de sus hijos, que lograron rodearla de productivas haciendas agrícolas y sobre todo pecuarias que la acreditaron como el más rico de los graneros del país.

Entre la principales familias sancarleñas de aquella época destacaban la constituían Don Juan Miguel Manrique quien era “Juez subdelegado de Justicia y Real Hacienda”, era oriundo de Puerto Cabello y doña María de Jesús Villegas y Salazar, natural y vecina de la Villa de San Carlos de Austria, quien era descendiente directa del capitán conquistador don Juan de Villegas.

Manuel Manrique nació el 26 de abril de 1793, fue “la casa de mampostería con habitaciones altas y bajas que lindan por el Oriente con la ,calle Real…” próxima la casona donde El Libertador estableció su Cuartel General, durante la Campaña Admirable de 1.813, Situada frente a la Plaza Bolívar y que ahora ocupa el “Colegio Juan Pablo II2, de la Diócesis de San Carlos.

Los sucesos del 19 de abril de 1.810, apenas cumplidos los 16 años, lo encuentran incorporado a la 11° Compañía del Batallón de Veteranos de la ciudad de Caracas con el grado de cadete. El 28 de agosto de 1.810 es ascendido a Subteniente de la 12° Compañía del mismo batallón por decreto de la Junta Suprema de Caracas, La misma Junta Suprema, por decreto del 1 de diciembre de 1.810, le asciende a Teniente Graduado en la misma Compañía y Batallón. Ya declara la Independencia, el 4 de noviembre de 1.811, recibe el grado de Teniente Vivo y Efectivo por decreto del Poder Ejecutivo firmado por don Cristóbal Mendoza.

Luego Manuel Manrique con varios jóvenes de San Carlos, Celedonio Sánchez, Teodoro Figueredo y Miguel Figueredo, José Ramón Azpúrua y otros, perteneció a la Expedición de Occidente que fue contra Coro bajo el general Francisco Rodríguez del Toro en 1.810 y luego a las ordenes de Francisco de Miranda en las de 1.811 y 1.812.

El terremoto que asoló gran parte de Venezuela en el año de 1.812, lo sorprendió en Barquisimeto como segundo jefe de la guarnición de aquella plaza, que estaba al mando del coronel Diego Jalón.
Perdida la República por la capitulación de Francisco de Miranda en San Mateo y la felonía de Monteverde que violó la capitulación, fueron muertos, perseguidos y encarcelados todos los quienes habían expresado simpatías por la causa patriota.

Manrique había logrado permanecer escondido y luchando en los bosques, en 1.813, Bolívar entre por el Occidente al frente de un ejército de granadinos y venezolanos a libertad a Venezuela. Manrique de inmediato se incorporó para realizar la Campaña Admirable.

En 1.813 combatió con éxito en la batalla de Bárbula, Vigirima, Carabobo en ambas, en Aragua, Yagual, Angostura, Calabozo, El Sombrero, Sémen, Ortiz, Los Patos, Gámeza, Vargas, Pitayó, Maracaibo.
En Araure se cubrió de gloria bajo su mando el “Batallón Sin Nombre”, luchó con tanto valor y temeridad que el Libertador le concedió el nombre de “Batallón Vencedores de Araure”.


4 de enero de 1.814, cuando Simón Bolívar estaba de nuevo en el Convento de San Francisco de Caracas cita: “Compatriotas: vosotros me honráis con el ilustre titulo de Libertador, Los oficiales, los soldados de ejército, ved ahí a los libertadores: ved ahí los que reclaman la gratitud nacional. Vosotros conocéis bien los autores de vuestra restauración; esos valerosos soldados: esos jefes impetérritos...” Con rasgos felices va pintando a sus tenientes. Eran ocho los citados en ese discurso. Rivas. Girardot, Urdaneta, D`Eluyar, Villapol, Palacios y Manrique.

De nuestro héroe se expresa así: “ El Mayor Manrique, que dejando sus soldados tendidos en el campo, se abrió paso por en medio de las filas enemigas con sólo sus oficiales Planes, Monagas, Canelón, Luque. Fernández, Buroz y pocos más cuyos nombres no tengo presente, y cuyo ímpetu y arrojo publican Niquetao, Barquisimeto, Bárbula, Las Trincheras y Araure.

Es bueno decir que el Mayor Manrique, citado por el Libertador, tenía apenas 20 años, pues sería el 26 de abril, cuatro meses después, cunado cumpliría los 21 años.

En 1.814, Manrique combatió ardorosamente en las batallas de Guama, San Mateo, Cocorote, La Victoria, Bocachica y la Primera de Carabobo.

Perdida la República y ya con el grado de Teniente Coronel, acompaña al general Urdaneta en su genial retirada desde San Carlos hasta la Nueva Granada,

En 1.815 combate a Sebastián de la Calzada en la Sabana de San Cristóbal. A finales de ese año esta defendiendo a Cartagena, la heroica ciudad que sufría el terrible sitio impuesto por el ejercito español al mando del general Pablo Morillo.

Enero de 1.816 Manrique embarco junto a un numeroso grupo de eminentes granadinos y venezolanos con destino a Las Antillas. Llegó a Los Cayos de San Luis, en Haití, cuando le Libertador con el auxilio del Presidente Alejandro Petión, preparaba la expedición de Los Cayos y de inmediato se alistó.

El 1 de junio de 1.816 Manrique participa en las acciones que culmina en la toma de Carúpano.
Fallada la tentativa del Libertador que hicieron fracasar estas tentativa de invasión y obligaron al Libertador a reembarcar el ejercito Manrique quedó en tierra y logró atravesar el territorio enemigo hasta Barinas y Apure, donde se reunió al ejercito de Apure que estaba al mando de José Antonio Páez, quien lo nombró Jefe del Estado Mayor de sus fuerzas, con ello participó en la batalla del Yagual y la toma de Achaguas.

El 24 de septiembre de 1.817, el Libertador crea por decreto de esa fecha el Estado Mayor General del Ejercito “ para la organización y dirección de los ejércitos”. Fue designado ayudante general del Estado Mayor General y con este rango sale a campaña contra Morillo y La Torre en los llanos de Calabozo.

En 1.818 Manrique es nombrado Jefe de del Estado Mayor del Ejercito formado por la Guardia de Honor, la División del general Pedro León Torres y la División del general José Tadeo Monagas.
Organizada la expedición sobre la Nueva Granada

Es el propio Libertador el que le comisiona para que se acerque, junto con el Coronel Vicente Parejo, ante Páez, y gestione la suprema autoridad de El Libertador en la gesta de la independencia. Esta delicada misión la cumple a cabalidad.

Logra que el Centauro de los Llanos reconozca la supremacía de Bolívar y se llena de gozo cuando en enero de 1818, en el Hato de Cañafistola, presencia, turbado de intensa emoción, cómo se abrazan por vez primera Bolívar y Páez.


En 1819, en la Aldea de los Setenta, donde se decide la invasión de la Nueva Granada, lo encontramos, bajo la Presidencia de El Libertador, no obstante su juventud, formando parte de una asamblea memorable: Anzoátegui, Soublette, Briceño Méndez, Roocks, Rangel, Iribarren, Cruz Carrillo, Plaza y otros. En esa misma asamblea se le elige como segundo Jefe del Estado Mayor General de la Expedición que ha de libertar la Nueva Granada.

En adelante sólo triunfos conocerá este hombre ilustre de San Carlos. Aquellas fuerzas comandadas por Bolívar se llenarían de gloria en Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá. De todas estas Batallas le corresponderá a él redactar los partes. Magníficos documentos que analizados y estudiados hoy desde perspectivas históricas, semánticas y filológicas, nos demuestran el dominio que tuvo Manrique del lenguaje y de la amplia y sólida formación que hubo de tener en su niñez.

Libertada la Nueva Granada, tras el triunfo de Boyacá, regresa a las tierras que le vieron nacer. ¡Cómo latiría su corazón, cuando en la misma Villa de San Carlos de Austria, su cuna, se reunió con El Libertador y los más altos Jefes del mando supremo, para elaborar en la histórica mansión de la Blanquera, toda la estrategia y logística de la gloriosa Batalla de Carabobo.

El 24 de junio de 1821, le cabe el alto honor de luchar y triunfar en Carabobo y colmarse de gloria en esa lid que configuró definitivamente los entornos y límites de la Patria. No le bastó con cumplir con su deber como Jefe de la Primera Brigada de la Guardia, sino que caldo heroicamente el Coronel Ambrosio Plaza, le sustituye y toma el mando de la Tercera División del Ejército. ¡Cuánta gloria, cuánto heroísmo para quien sólo cuenta 28 años de edad!

Es el propio Libertador el que le comisiona para que se acerque, junto con el Coronel Vicente Parejo, ante Páez, y gestione la suprema autoridad de El Libertador en la gesta de la independencia. Esta delicada misión la cumple a cabalidad. Logra que el Centauro de los Llanos reconozca la supremacía de Bolívar y se llena de gozo cuando en enero de 1818, en el Hato de Cañafistola, presencia, turbado de intensa emoción, cómo se abrazan por vez primera Bolívar y Páez.

En 1819, en la Aldea de los Setenta, donde se decide la invasión de la Nueva Granada, lo encontramos, bajo la Presidencia de El Libertador, no obstante su juventud, formando parte de una asamblea memorable: Anzoátegui, Soublette, Briceño Méndez, Roocks, Rangel, Iribarren, Cruz Carrillo, Plaza y otros. En esa misma asamblea se le elige como segundo Jefe del Estado Mayor General de la Expedición que ha de libertar la Nueva Granada.

En adelante sólo triunfos conocerá este hombre ilustre de San Carlos. Aquellas fuerzas comandadas por Bolívar se llenarían de gloria en Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá. De todas estas Batallas le corresponderá a él redactar los partes. Magníficos documentos que analizados y estudiados hoy desde perspectivas históricas, semánticas y filológicas, nos demuestran el dominio que tuvo Manrique del lenguaje y de la amplia y sólida formación que hubo de tener en su niñez.

Libertada la Nueva Granada, tras el triunfo de Boyacá, regresa a las tierras que le vieron nacer. ¡Cómo latiría su corazón, cuando en la misma Villa de San Carlos de Austria, su cuna, se reunió con El Libertador y los más altos Jefes del mando supremo, para elaborar en la histórica mansión de la Blanquera, toda la estrategia y logística de la gloriosa Batalla de Carabobo.

El 24 de junio de 1821, le cabe el alto honor de luchar y triunfar en Carabobo y colmarse de gloria en esa lid que configuró definitivamente los entornos y límites de la Patria. No le bastó con cumplir con su deber como Jefe de la Primera Brigada de la Guardia, sino que caldo heroicamente el Coronel Ambrosio Plaza, le sustituye y toma el mando de la Tercera División del Ejército. ¡Cuánta gloria, cuánto heroísmo para quien sólo cuenta 28 años de edad!

No se detiene. Después de Carabobo, tozudas reliquias realistas, se enquistan en Puerto Cabello para tratar de impedir la consolidación de la Patria, hecho ya irreversible por decisión de los hijos de Venezuela. Hasta allí va, bajo las órdenes del General José Antonio Páez, quien le nombra Jefe nato de la Guardia y Comandante General de la Línea contra Puerto Cabello. De nuevo el Prócer joven se llena de gloria, al rechazar los ataques de Tomás Morales que torpedea sin cesar, lo que ya es un bastión imbatible.

La fortuna y la fama, que no abandonan a los justos y a los valientes, comenzaron a tejer las coronas de mirto y laurel con que se ciñen los héroes. Y cómo héroe, humilde las rechazó. Bien conoce el Héroe que las grandes acciones que los demás admiran, no son más que muestras del diario quehacer y del cumplimiento fiel del deber.

El 24 de junio de 1821, le cabe el alto honor de luchar y triunfar en Carabobo y colmarse de gloria en esa lid que configuró definitivamente los entornos y límites de la Patria. No le bastó con cumplir con su deber como Jefe de la Primera Brigada de la Guardia, sino que caldo heroicamente el Coronel Ambrosio Plaza, le sustituye y toma el mando de la Tercera División del Ejército. ¡Cuánta gloria, cuánto heroísmo para quien sólo cuenta 28 años de edad!

No se detiene. Después de Carabobo, tozudas reliquias realistas, se enquistan en Puerto Cabello para tratar de impedir la consolidación de la Patria, hecho ya irreversible por decisión de los hijos de Venezuela. Hasta allí va, bajo las órdenes del General José Antonio Páez, quien le nombra Jefe nato de la Guardia y Comandante General de la Línea contra Puerto Cabello. De nuevo el Prócer joven se llena de gloria, al rechazar los ataques de Tomás Morales que torpedea sin cesar, lo que ya es un bastión imbatible.

La fortuna y la fama, que no abandonan a los justos y a los valientes, comenzaron a tejer las coronas de mirto y laurel con que se ciñen los héroes. Y cómo héroe, humilde las rechazó. Bien conoce el Héroe que las grandes acciones que los demás admiran, no son más que muestras del diario quehacer y del cumplimiento fiel del deber.

Pero no bastó su humildad y su desprendimiento. Es que la Patria honra siempre a los que se desviven por ella. El 29 de agosto de 1822, sólo cuenta 29 años, Páez se dirige al Vicepresidente de la República Francisco de Paula Santander para solicitar el ascenso al generalato del valiente y heroico soldado de la República. "Atendiendo a los méritos y servicios del Señor Coronel Manuel Manrique, además de la mucha antigüedad del actual empleo en que ha servido diversos e importantes destinos, siempre en campaña, con las consideraciones debidas a su buena conducta militar, en que ha dado pruebas de valor, aptitud y capacidad para un destino más elevado..."

Y por si fuera poco, El Libertador Simón Bolívar, desde la lejana Pasto, cuando realizaba la Campaña del Sur, se acuerda del joven valiente y escribe a Santander. "Manrique debe estar muy sentido conmigo porque hemos hecho muchos generales sin contar con él. Creo que se merece ser General tanto como otros de los que yo mismo he hecho. Le suplico a Ud., lo proponga al Congreso y que le diga a Manrique mi recomendación..."

¡Qué más gloria que el propio Libertador del Nuevo Mundo le proponga para general de los Ejércitos Libertadores!

Pero aún no ha concluido su carrera. Un diamante pulido y bellamente facetado espera aún su lugar en su corona de gloria.

Maracaibo ha caído en manos realistas. El sanguinario Morales pretende desde allí asolar, destruir y arruinar la Patria que tanta sangre ya ha derramado. El Poder Ejecutivo de la Gran Colombia busca un hombre que destruya al intruso que mancha con su crimen la ciudad y Plaza marabina. Y es el propio Ejecutivo el que fija sus ojos en el General heroico, ínclito, hijo de San Carlos. El 29 de enero de 1823 es nombrado Intendente y Comandante General del Departamento del Zulia. ¡Qué gran responsabilidad cae sobre sus jóvenes hombros! Sabía perfectamente cuál era su meta: destruir a Morales y extirpar para siempre las infectas reliquias, empeñadas sin razón en socavar los cimientos de la Patria, ya inconmovibles, ya indestructibles, ya eternos...

La suerte estaba echada. El 24 de julio de 1823 Manrique y Padilla ganan la Batalla Naval del Lago de Maracaibo. De nuevo la gloria coloca a su paso la corona de la Victoria que de nuevo rechaza, pues con esta batalla en forma concluyente y para siempre jamás, se pone fin a los siglos de dominio de despotismo hispano en tierras de Venezuela.

¿Qué más podría hacer? ¿Qué más podría entregarle a la Patria? Dispuesto estaba, incluso al sacrificio supremo, si éste le era solicitado. Desde 1810 había seguido el llamado' de la justicia y del honor. Ahora tenía una Patria. Ya no había enemigos en ella. Tocaba en este momento reconstruirla, hacerla, cicatrizar heridas, olvidar en lo posible la larga y trágica pesadilla de la guerra y tornar por ríos de aguas azules a los de sangre, que aún discurrían en abundancia.

Pero su cuerpo debilitado por el esfuerzo supremo, no tuvo tiempo de ver la nueva faz de la Patria a la que con tanto heroísmo habla entregado su vida. Su obra había sido fiel y escrupulosamente cumplida. La Patria le llamó desde el inicio de su conformación y hasta que no se gestó completamente, no dejó de luchar por ella. Podía morir tranquilo. El 30 de noviembre de 1823, a los 30 años de edad expiró. La Patria perdía uno de los hombres que más prometía para su futuro engrande­cimiento.

El 16 de diciembre, Santander informaba a El Libertador la trágica noticia: "El General Manrique ha muerto el 30 de noviembre de una pútrida terrible, ¿Qué haré yo sin jefe en el Zulia? El General Urdaneta, además de Senador queda gravemente enfermo y temo mucho siga la suerte de Nariño y Manrique". Su cuerpo fue enterrado con gran solemnidad en la hoy Catedral de Maracaibo, donde aún deben estar sus cenizas venerandas.

El Presidente Antonio Guzmán Blanco en decreto del 11 de febrero de 1876 confiere los honores del Panteón Nacional a 116 Generales, 70 Coroneles y 38 Eminentes Ciudadanos, la lista de los Generales la encabezaba el Generalísimo Francisco de Miranda y ocupaba el N° 16 EL General Manuel Manrique, circunstancia que no conoceos han demorado el traslado de sus restos al Panteón Nacional, pero mientras tanto reposan en la histórica Catedral de Maracaibo, sus restos, rodeados del agradecido amor Zuliano.

1 comentario:

  1. Cuanta emoción siento al leer "este ilustre san carleño" y q tristeza saber que no le honramos como debemos, y mas aun que muchas personas, q caminamos por donde el camino ignoramos todo lo que entrego a esta hermosa patria...
    Me queda la duda de como murio.

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